El nexo entre criminalidad común y terrorismo yihadista existe en España — pero es más matizado, y más débil que en el resto de Europa. Comprender sus mecanismos reales es esencial para no sobredimensionarlo ni ignorarlo.
La cifra más citada requiere precisión antes de usarla. La evidencia española es más compleja — y más tranquilizadora — que el titular.
El nexo entre criminalidad común y terrorismo yihadista es en España más débil que en Francia o Bélgica.
Sin embargo, el potencial de movilización que presentan estos pequeños criminales obliga a investigar este tema con mayor profundidad.
El marco analítico dominante. Establece un espectro que va desde la alianza circunstancial hasta la hibridación organizacional completa.
Organización terrorista encarga servicios criminales (armas, documentos falsos, financiación) a organización criminal que no comparte ideología.
Terroristas aprenden técnicas criminales (extorsión, tráfico de drogas) para financiarse; criminales aprenden intimidación terrorista para aterrorizar comunidades.
Individuos con doble perfil que operan en ambos mundos simultáneamente. A la vez militantes yihadistas y delincuentes comunes.
Organización terrorista que se convierte esencialmente en criminal, o viceversa. Hibridación organizacional completa.
Mediante la conversión se les ofrece la posibilidad de redimir sus pecados como criminales a través de la yihad.
Para el delincuente en contexto de marginalización — segunda generación, barrio deprimido, identidad construida en torno al crimen — la narrativa yihadista ofrece algo que ningún otro marco puede dar: transformación moral heroica.
La prisión es el único espacio donde el delincuente común y el yihadista convicto comparten tiempo, espacio y vulnerabilidad psicológica de forma sostenida.
Es el entorno donde la radicalización del criminal es estructuralmente más probable — el yihadista tiene acceso directo a individuos vulnerables con el perfil exacto que la narrativa de la redención necesita.
Todos los seguidores de Ahmidan estaban dedicados con anterioridad al robo y el tráfico de drogas. No eran activistas ideológicos — eran pequeños criminales que encontraron en el yihadismo un marco de sentido.
Los explosivos del 11-M fueron comprados en parte con hachís. No fue tráfico de drogas previo separado — fue actividad criminal activa usada directamente como financiación del terrorismo. Tráfico de drogas → compra de explosivos → 11-M.
Fue la primera vez documentada en España de uso de ingresos del crimen organizado para financiar un atentado terrorista en suelo español. No era el modelo de la célula 11-M en su conjunto — la red de Mohamed Atta era distinta — pero el grupo de Ahmidan lo ejemplifica perfectamente.
El territorio donde el nexo crimen-terror tiene la expresión más estructural y documentada de España.
Desde mediados de los años 80, Ceuta y Melilla son punto de partida del tráfico ilícito de cannabis marroquí hacia Europa, con estructuras delictivas dedicadas al narcotráfico que son responsables de buena parte de su criminalidad interna.
Esta concentración — tres de cada cuatro yihadistas españoles nacidos en España son ceutíes o melillenses — no puede explicarse solo por la demografía: representan el 0,3% de la población española.
La primera gran operación antiyihadista documentada en el período posterior a Siria ocurrió precisamente en Ceuta. La red desmantelada combinaba radicalización y reclutamiento para Siria con actividades relacionadas con el crimen organizado local.
La red Cesto enviaba jóvenes ceutíes a Siria como CTE.
La capacidad de las redes criminales para suministrar armas de guerra a grupos terroristas es la dimensión más directamente letal del nexo.
Los hermanos El Bakraoui, con amplio historial de violencia y posterior radicalización en prisión, participaron en los atentados del metro de Bruselas en 2016 y suministraron las armas empleadas en el ataque a la Sala Bataclan de París (2015).
En la detención de abril de 2025, los detenidos estaban en posesión de armas adquiridas en el mercado negro, gracias a su relación con el crimen organizado.
Dos radicalizados activos que habían obtenido armas a través de contactos criminales.
Las unidades de crimen organizado y las unidades antiterroristas trabajan con metodologías, bases de datos y prioridades completamente distintas.
El individuo que vende hachís en Ceuta y simultáneamente capta jóvenes para Siria puede no aparecer en los radares de ninguna de las dos unidades con suficiente intensidad.
Unidad que integra analistas de ambos campos — la respuesta institucional española al problema del perfil dual.
El marco ya no es solo España-Marruecos. El nexo tiene ahora una dimensión saheliana que afecta directamente a España.
El exdirector del DSN fijó el Sahel como "frontera de seguridad" para España: "lo que pasa en el Sahel se traslada a España."
Su preocupación: los terroristas pueden aprovecharse de las rutas utilizadas por organizaciones dedicadas al crimen organizado y al tráfico de seres humanos.
Fuentes: BDEYE — Base de Datos del Estudio del Yihadismo en España (Fernando Reinares, Carola García-Calvo, Álvaro Vicente · Elcano 2019) · T. Makarenko (2004) — "The Crime-Terror Continuum" · Europol TE-SAT 2024 · DSN — Informe Seguridad Nacional 2024 · CITCO · Ministerio del Interior · J.M. Berger — "The Crime-Terrorism Intersection" · AQMI financial networks (ICG 2024)